Después, en la media luz
De aquellas manos nacía la niebla,
un mar de música,
los dedos dibujando
la media luz sobre tu rostro.
Esa cara en penumbra, aguda y bella,
dulce perfil de labios jugosos,
de bordes brillantes y frescos,
como era la noche,
pedía una caricia
para tu pómulo cubierto de luna.
Con la seducción de tu boca
presentí el abismo.
Al cubrir tu pecho
quedaron tus ojos en el aire,
solos, desvaneciéndose en mí.
Otra renuncia.
En estado de gracia
-
Vicente Gallego
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